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sábado, 14 de septiembre de 2013

ENTREVISTA AL PADRE FAURE.- Parte 7 y última.


Justo antes de comenzar el Capítulo, se estudió la cuestión de la legalidad o la ilegalidad de la decisión de la exclusión de Monseñor Williamson, quien nos acababa de hacer llegar su carta certificada. ¿Qué dice el Derecho Canónico? Dice que el obispo es juzgado por el Papa, y no por Monseñor Fellay ¡y es a nosotros que nos acusará de ser sedevacantistas!
Se iba a votar a favor o en contra de la exclusión de Monseñor Williamson. Dos horas después, los resultados de la votación estaban en internet: nueve capitulares estaban en contra de la expulsión. Algunos lo juzgan ilegal y por lo tanto susceptible de acarrear la nulidad del Capítulo. Uno de once, de la mayoría de los miembros de este Capítulo, aceptó esta exclusión de Monseñor Williamson del Capítulo y dar carta blanca a Monseñor Fellay para expulsarlo de la Fraternidad. Él era el único que tenía la envergadura suficiente para salvar al Capítulo de la Fraternidad del suicidio programado.
Además el hecho de que, por una razón misteriosa, el Papa Benedicto XVI, de su “bondad” a favor de la Fraternidad, renovó por enésima vez su exigencia de que Monseñor Fellay aceptara incondicionalmente el concilio, la nueva misa y el “magisterio” conciliar que contradice el magisterio de la Iglesia Católica. ¿Cómo se llegó a una situación tan confusa? ¿Qué se hubiera podido hacer para evitarlo? Una vez más, es a Monseñor Williamson que debemos citar: “Después de haber leído la obra de Emmanuel Barbier, Monseñor Lefebvre dijo: Si yo hubiera leído esta obra antes, yo le hubiera dado a mi Seminarios otra orientación”. Es decir, una orientación más contrarrevolucionaria.
Y este es el mismo consejo que le dio a Juan XXIII antes del concilio Monseñor Sigaud, en 1959, en su respuesta a la invitación del Papa de tomar parte de su consejo para decidir lo que debía hacer el concilio Vaticano II. Citaremos solamente algunas palabras de su exposición: “Veo cosas en la Iglesia que me producen una gran angustia. Son tan graves, que me siento indigno de ser considerado por la comisión pontifical ante-preparatoria para el concilio ecuménico y posteriormente para el mismo concilio. Yo veo que los principios, el espíritu de lo que se llama revolución, penetra en el clero y en el pueblo cristiano como antes lo hicieron los principios, la doctrina, el espíritu y el alma del paganismo preparó la sociedad para la reforma protestante. Numerosos miembros del clero no ven los errores de la Revolución. No se lo plantean. Otros sacerdotes tienen a la Revolución como un ideal, la propagan, colaboran con ella y persiguen a los adversarios de la Revolución, los calumnian, ponen obstáculos a su apostolado. Muchos pastores se callan”.
La Iglesia, para Monseñor Sigaud, estaba amenazada evidentemente por la Revolución, la masonería, el protestantismo, etc. etc., y claro, la judería internacional, por ejemplo. Se ve en este documento que es la fórmula de la ciudad católica que ha inspirado a este obispo este movimiento que ha producido frutos tan excelentes en los años 50 y de donde salió lo esencial de la Resistencia Católica al concilio.
Ciertamente habría que hacer un esfuerzo -he tenido la ocasión de decirlo antes en algunas reuniones- hay que formarse. Monseñor Lefebvre se preocupaba por la formación contrarrevolucionaria. Él pensó que las Actas del Magisterio (1), es decir, las encíclicas de los Papas que persiguieron la Revolución eran suficientes para el combate anti-liberal. Pero desgraciadamente estamos obligados a constatar que no lo son. Habría que agregar a esas Actas del Magisterio una formación más sistemática basándose en el libro sobre la “ciudad católica”, en particular las primeras ediciones del libro de Jean Ousset. Así, la Iglesia un día podrá reinstaurar el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.  Que Nuestra Señora, guardiana de la Fe, nos proteja y nos dé el valor necesario para afrontar estas dificultades.

(1)          A los alumnos del primer año de seminario se les imparte un curso denominado “Actas del Magisterio”, en el que se estudian las principales Encíclicas antiliberales. Nota del blog.