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domingo, 21 de enero de 2018

DIVISIÓN EN LA FSSPX

El demoledor de la unidad de la FSSPX

El siguiente artículo ha llegado al buzón de nuestro correo-e. El remitente original pide que sea difundido, y eso es lo que hacemos en esta entrada, aunque añadiendo ciertos comentarios:

El texto está plagado de errores de lógica y medias verdades, como cuando llama “desertores” a todos los clérigos que han dejado de pertenecer a la FSSPX, sin tomar en cuenta las diversas circunstancias de la separación. De hecho, el soldado que es dado de baja de su ejército por seguir cumpliendo el deber de combatir contra el enemigo mientras su General negocia una capitulación, no puede ser calificado de “desertor”. El “desertor” es más bien ese General traidor. Tal es, exactamente, el caso de muchos en la Resistencia, como por ejemplo, Mons. Williamson, Mons. Faure y Mons. Zendejas (todos separados de la FSSPX desde el intento de acuerdo del 2012).

Es interesante hacer notar que, por exigirlo la coherencia de su hipótesis, se opone el autor a la línea de pensamiento oficial de la FSSPX cuando él considera los siguientes hechos como maniobras de engaño por parte de Roma: «el ciclo de “discusiones doctrinales” y de “acercamiento” que presenciamos entre el 2009 y el 2012 y nuevamente entre el 2015 y el 2017… el Motu Proprio otorgando mayor tolerancia a la vieja Misa, la anulación de las excomuniones de 1988, el otorgamiento de jurisdicción ordinaria para la confesión y la celebración de matrimonios».

Un comentario particular sobre estas palabras que están hacia el final del escrito: «con su deserción, han debilitado a la fuerza más efectiva de la Tradición, que jamás haya visto la Iglesia post Vaticano II, todo por temor a un hipotético compromiso con Roma»: 1) La fuerza de los tradicionalistas no debe ser puesta en el número sino en el poder de Dios. 2) No es por temor que existe la Resistencia, sino por amor a la Verdad. 3) ¿Quien ha debilitado a la FSSPX? Mons. Fellay con su actitud ambigua ante la Roma apóstata, no los que siguen resistiendo frontal y resueltamente ante los liberales y modernistas que usurpan la Jerarquía católica. En la actual crisis la Iglesia, la mayor de toda la historia, el inmenso avance del error exige de los prelados fieles la respuesta proporcionada de un testimonio de la fe valiente, frontal, inequívoco.

En fin, el autor debió escribir sus ideas en forma de carta dirigida a Mons. Fellay, pues es evidente que si el Superior General tuviera una actitud clara y firme ante las autoridades romanas, la FSSPX sería invulnerable a la estrategia de “dividir para conquistar”.


Traducido de Catholic Family News

Una sociedad dividida en contra de sí misma:
Los miembros de la FSSPX deben conservar la unidad interior

Por Brian McCall
17 de enero del 2018

Al menos desde principios del 2011, parece haber una corriente interminable de informes en la blogosfera y hasta en los medios de comunicación de la corriente dominante, de que Mons. Bernard Fellay está preparado para firmar un arreglo con Roma.  La más reciente ola de la supuesta capitulación se presentó este último verano [boreal, invierno nuestro]. Sin embargo, en el otoño del 2017 [nuestra primavera], Mons. Fellay y la FSSPX siguen en la misma postura respecto de Roma. A lo largo de estos años de anunciados compromisos, una cantidad de sacerdotes y de fieles, ha abandonado preventivamente el barco, señalando que un quiebre con la FSSPX era necesario, antes de que sucediese el anunciado compromiso. Cada vez que una o varias personas rompen la unidad de la Fraternidad, ellos declaran que Mons. Fellay camina hacia un trampa romana -la regularización canónica- y que deben marcharse antes de que se cierre la trampa. Roma, dicen, no quiere otra cosa que no sea la destrucción de la Fraternidad y el legado de su fundador y que una “regularización” es la carnada empleada para atraer a la Fraternidad hacia una trampa mortal.

Las verdaderas trampa y carnada

Supongamos que estas aseveraciones son ciertas, que las autoridades romanas comparten el deseo común de destruir a la FSSPX. ¿Y si la trampa y la carnada fuesen algo completamente diferente de los que plantean los desertores? Tal vez no sea Mons. Fellay quien está decidido a caer en la trampa, sino, por el contrario, son los desertores los que, en el curso de los años, involuntariamente han mordido la carnada.

Los modernitas están claramente amenazados por cualquier intento de adherir a la Tradición y de esta manera, buscan su destrucción o al menos su contención. Sin embargo, hay muchas formas de alcanzar este fin. Una forma podría ser engatusar a la FSSPX, con un reconocimiento canónico destinado a someterla al poder de Roma, a fin de aplastarla. Pero deberíamos considerar la posibilidad de que estrategia fuese un poco más sutil, es decir, forzar a la FSSPX a un continuo estado de división y de deserciones, de manera que el número de sus miembros se mantenga lo suficientemente bajo como para poder ignorarla, en lugar de atraer a la Fraternidad a la Iglesia conciliar. Si esta fuese la estrategia, los modernistas podrían estar usando la constante posibilidad recurrente de dividir para conquistar.

Una revisión de los últimos 40 años sugeriría que una estrategia de “dividir a la FSSPX para reducir su influencia” parece explicar la conducta de las autoridades romanas. Aunque recurriendo a diferentes instrumentos, el fin parece perfectamente claro: Hacer que tantos sacerdotes y religiosos como sea posible, dejen la FSSPX, de manera que su crecimiento sea artificialmente controlado.

Dividir para conquistar

La deserción de sacerdotes ha sido el golpe más destructivo en contra de la FSSPX. Comenzando con la defección de 9 sedevacantistas, a comienzos de la década de 1980, la Fraternidad constantemente ha estado librando una batalla para reemplazar las bajas, en lugar de crecer orgánicamente, con nuevas vocaciones. Un cálculo conservador sugiere que, a no ser por las deserciones, en los pasados 40 años, la FSSPX tendría más de 1.800 sacerdotes y religiosos (FSSPX propiamente tales, más las comunidades afiliadas). El Vaticano se vería enfrentado a una realidad bastante diferente, si Mons. Fellay hablase en nombre de tantos sacerdotes y religiosos.

La estrategia vaticana desde 1988 hasta comienzos de la década del 2000 parecía un intento por quebrar la FSSPX, engatusando a sacerdotes individuales (o en pequeños grupos), con la opción de una situación regularizada. En dichos casos, la carnada empleada fue iniciar su propia FSSPX, con reconocimiento canónico. El primer grupo desertó en julio de 1988, después de las consagraciones. Unos cuantos sacerdotes más desertaron debido a los engaños vaticanos, a lo largo de la década de 1990 y a comienzos de los años 2000. El trato con la Unión San Juan María Vianney, de Campos, fue el éxito más significativo de esta estrategia de engatusar con la zanahoria de formar un nuevo grupo regularizado. Hacia el año 2010 el éxito de esta estrategia se estaba evaporando. No hubo muchos más movimientos después de la defección de Campos y la FSSPX se empezaba a reconstruir. Si mi hipótesis es la correcta, fue entonces que el Vaticano cambió sus tácticas. Comenzaron a hacer agitar su zanahoria delante de la propia Fraternidad, adornando el cebo, para dar la impresión de que Mons. Fellay picaría, a sabiendas de que él rechazaría sus exigencias de último minuto. De hecho, este nuevo enfoque  ha producido dos efectos perjudiciales: (1) Ha causado más deserciones, por temor al compromiso y (2) Ha mantenido a la FSSPX bajo el estigma de la irregularidad canónica.

Tal estrategia explicaría el ciclo de “discusiones doctrinales” y de “acercamiento” que presenciamos entre el 2009 y el 2012 y nuevamente entre el 2015 y el 2017. El Vaticano siempre lo hace aparecer como si la regularización de la FSSPX fuese inminente. Hasta han dado pasos concretos, para hacer más plausible el cuento (por ejemplo, el Motu Proprio otorgando mayor tolerancia a la vieja Misa, la anulación de las excomuniones de 1988, el otorgamiento de jurisdicción ordinaria para la confesión y la celebración de matrimonios). Sugieren que es posible una relajación a la adhesión total al Vaticano II. Según crecen las expectativas, crecen los temores y las teorías conspirativas que sostienen que la capitulación está allí, a la vuelta de la esquina. El resultado es el mismo: nuevamente los sacerdotes y los fieles empiezan a abandonar el barco. Y entonces, a la hora undécima, Roma añade una nueva exigencia que saben que Mons. Fellay rechazará, cerrándose el ciclo con la Fraternidad aún en una situación “irregular” y dejando a su paso un reguero de devastación entre las filas de la Fraternidad.

La nueva estrategia demuestra ser exitosa

Desde la perspectiva de los enemigos de la Tradición, esta nueva estrategia ha sido más exitosa que el atraer a individuos o a pequeños grupos a una regularización, como con los fundadores de la FSSP y los sacerdotes de Campos. Esta táctica de “atemorizar y dispersar” no ha resultado solo en la pérdida de sacerdotes y religiosos individuales, sino también de figuras de alta connotación y respetadas internacionalmente, de la Fraternidad. Esto también ha creado una cuña entre la FSSPX y varias órdenes religiosas previamente afiliadas, con el consiguiente apartarse de la Fraternidad, de monasterios y órdenes completas. Aún mejor, desde la perspectiva de los enemigos, no se traduce en que los sacerdotes a favor de la tradición y de la Misa Tradicional se vayan a la iglesia conciliar. Los desertores de esta etapa no han fundado  ni se han integrado a comunidades Ecclesia Dei; por el contrario, se han vuelto completamente independientes, dispersándose con los cuatro vientos.

Aunque es cierto que el precio del reconocimiento canónico para las comunidades Ecclesia Dei ha sido el compromiso y el silencio, su presencia dentro de la Iglesia conciliar sigue siendo una espina en el costado de los destructores modernistas. Incluso si callan acerca de la naturaleza ilícita de la Nueva Misa, propagan la conciencia de la vieja liturgia y predican algunas doctrinas tradicionales. Estos “problemáticos” sacerdotes conservadores u orientados a lo tradicional, serían menos problemáticos, si estuviesen fuera de la Iglesia conciliar y separados de la FSSPX. Esto disminuiría la influencia de la Tradición dentro de la corriente dominante de la Iglesia, debilitando, al mismo tiempo, el testimonio y la posición de la FSSPX, al reducir constantemente el número de sus miembros (no obstante el florecimiento de nuevas vocaciones). Esto redundaría también en la continua marginación de la Fraternidad, en el modernista crepúsculo del “no en plena comunión”.

Quizás los modernistas no sean tan maquiavélicos u organizados para montar un esquema tan grande, pero los resultados de los pasados 10 a 12 años parecen ser consistentes con ese plan. El último ciclo parece haberse extinguido de un modo familiar, con el Cardenal Müller exigiendo el uso de la declaración de fe post conciliar y la adhesión a todos los documentos del concilio y las enseñanzas de los papas post conciliares. Tras seis años de tratativas con Mons. Fellay, el cardenal debía saber que estas demandas sellarían el destino de las últimas conversaciones, con el rechazo de Mons. Fellay. Pero el ciclo ha brindado más frutos a los enemigos de la Tradición. El unilateral otorgamiento de jurisdicción para la celebración de los matrimonios, la última salva antes de matar el prospecto de reconocimiento, causó nuevas defecciones y divisiones en el corazón de la FSSPX, en Francia.

Unidos, permaneceremos, divididos, caeremos

Si mi teoría es correcta, entonces a principios de los años 2000, las autoridades del Vaticano cambiaron de estrategia, desde el engatusar a individuos y a pequeños grupos, con la regularización, a causar la división dentro de la FSSPX, creando la apariencia de una regularización que realmente nunca se concreta. Si es cierto, entonces no es Mons. Fellay el que ha caído en la trampa sino, más bien, los sacerdotes que abandonaron al prelado y a la FSSPX, a la que habían hecho promesas. Con su deserción, han debilitado a la fuerza más efectiva de la Tradición, que jamás haya visto la Iglesia post Vaticano II, todo por temor a un hipotético compromiso con Roma, compromiso que jamás ha existido. En lugar de enfrentar a los modernistas con miles de sacerdotes y religiosos, el clero y las almas consagradas de la Fraternidad suman menos de 700, mientras las filas de desertores sufren nuevos quiebres y el aislamiento. Los enemigos de la Tradición no podían esperar algo más.

En el Evangelio, Nuestro Señor nos dice: “Todo reino dividido está perdido y toda ciudad o familia dividida se viene abajo” (Mateo 12:25). Que todos los miembros de la FSSPX- sacerdotes, religiosos y laicos- tomen de corazón Su palabra y se esfuercen “por conservar la unidad del Espíritu, en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3).


Este artículo apareció originalmente en el número de noviembre del 2017 de Catholic Family News.